En portada, algunas de las cámaras y objetivos que empleo. Todas las imágenes, fotografías y dibujos de este blog han sido disparadas y diseñados por mí.





miércoles, 17 de marzo de 2010

EL SACAPUNTAS QUE SURCABA EL ESPACIO PROFUNDO

Esta es mi primera nave espacial. Fue mi hermano Mariano quien me presentó a Flash Gordon, Dale y al Dr.Zarkov en su salsa, o sea en sus viñetas dibujadas por Dan Barry, mis favoritas (las de Alex Raymond, Mac Raboy y Don Moore,  eran demasiado barrocas para mis ojos de cinco años).
Resultado: me enamoré para siempre de Dale y me identifiqué ipsofacto con el Dr. Zarkov de tal manera que  mi aspecto físico (de mayor claro) ha sido siempre bastante similar. Respecto a Flash, no lo hace mal para ser un super héroe aunque, si he de ser sincero, siempre me estorbó un poco, pobre, sobre todo cuando yo estaba con Dale.
Bueno, y ya metidos en harina, este cómic fue el que me dio a conocer las naves espaciales que siempre me han fascinado, de manera que de niño siempre estaba navegando por el espacio con alguna nave-objeto de la Flota Estelar, léase Nave-Imperdible-Enterprise, naves estilizadas en forma de bolígrafo bic, etc, (recuerdo a mis amables lectores que a principios de los sesenta no había tantos juguetes como ahora y mucho menos, naves espaciales, de manera que debíamos ser los propios niños los que utilizando la imaginación -a medias con la empatía que se disfruta a tan tempranas edades y que luego tristemente se pierde-, conseguíamos artilugios divertidísimos) pero la primera de todas fue esta nave-sacapuntas con la que surqué el sistema solar, después atravesé diversas galaxias, e incluso llegué a presenciar cómo atacaban naves en llamas más allá de Orión, también vi Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.
Mas tarde mi propia imaginación infantil transformó multitud de objetos caseros grandes y pequeños en fabulosas naves intergalácticas con las que escapar de la vida cotidiana para vivir otras vidas sin la incomodidad de la falta de aire, la ingravidez, el frío del espacio profundo, la soledad del astronauta,  navegando siempre con la seguridad de hacerlo en mi propia casa y con alguna que otra galleta a mano, ayudándome de esos laminados y coloridos al tiempo tesoros de papel primorosamente dibujados en cuadraditos a modo de imagen-escena, también llamados "cómics" que disparaban mi imaginación como un cohete.

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