EDUARDO BAYONA ESTRADERA

En portada, algunas de las cámaras y objetivos que empleo. Todas las fotografías, imágenes y textos publicados en este blog han sido disparadas, diseñadas y escritos por Eduardo Bayona Estradera.






sábado, 12 de septiembre de 2020

JOAQUIN CARBONELL

 

Hoy ha fallecido a los 73 años mi buen amigo y compañero de trabajo durante mas de veinte años, Joaquin Carbonell. Cuántas veces habré afinado sus guitarras antes de salir a tocar en los conciertos que daba hace algunos años. Se nos va una gran persona, uno de los grandes de la cultura aragonesa.

Descansa en paz Joaquín, y sigue cantando allá donde estés.

Esta fotografía la hice en un concierto en el Pabellón Príncipe Felipe en el año 2007.

                           En una comida en el Cachirulo. El que sujeta el micrófono soy yo.

                                               Con más cantautores en el Teatro Principal

                     Joaquin Carbonell con Raimon en el Teatro Principal. Al fondo Javier Krahe.

                                           
                                             Joaquín Carbonell en el Teatro Principal en 1988.

                                                           Pabellón Príncipe Felipe 2007.


miércoles, 29 de julio de 2020

ARCO IRIS EN EL PARQUE

Un nuevo arcoiris ha aparecido a las ocho de la mañana en el Parque de la Paz, delante de mi ventana. Una bonita imagen para empezar el día.

viernes, 5 de junio de 2020

CURSO BASICO DE FOTOGRAFIA DIGITAL

                                        CURSO BASICO DE FOTOGRAFIA DIGITAL

                                         Aquí tenéis un curso de fotografía para leer y aprender
sobre el fascinante mundo de la fotografía, pero no solo se trata de apretar un botón, hay que pensar qué queremos fotografiar y cómo hacerlo nosotros mismos, no los automatismos de las cámaras.

domingo, 17 de mayo de 2020

JULIO ANGUITA

Julio Anguita ha fallecido. Esta fotografía la hice en un mitin de Izquierda Unida en Zaragoza en el año 1988. Uno de los políticos más coherentes que he conocido. Aquí va mi recuerdo para él, su familia y todos los que le conocieron y disfrutamos de su oratoria. Independientemente de las ideas políticas de cada cual, Julio Anguita fue uno de los mejores oradores que han pasado por el Congreso de los Diputados. Por suerte, pudimos disfrutarlo en todos los mitines, conferencias, congresos, que escuchábamos siempre con la absoluta convicción que le caracterizaba al hablar. Ha sido un honor escucharte. Hasta siempre Julio Anguita, descansa en paz.

lunes, 11 de mayo de 2020

LA NUBE LUMINOSA

Este es uno de los sueños más vívidos de los miles de sueños que tenemos todos y que recuerdo como si los hubiera vivido de verdad. Tengo cientos de ellos escritos. Este es uno más. Lo publico en el mismo folio en el que lo escribí a máquina, hace treinta años.

martes, 5 de mayo de 2020

EL FANTASMA DEL CONFINAMIENTO

El fantasma del confinamiento. Apareció delante de mi ventana, y la verdad, da un poco de miedo. Espero que sirva para algo porque esto de estar encerrados en casa es un poco chungo.

domingo, 12 de abril de 2020

LA CAMARA OSCURA 2


Vuelvo a publicar seis años después y tras mantener una conversación didáctica con una buena amiga, esta entrada explicando cómo es la cámara oscura y su construcción. El aspecto obsoleto y viejuno de esta caja de madera no es otro que el de imitar una cámara oscura antigua.



lunes, 23 de marzo de 2020

SEMANA SANTA EN ZARAGOZA

Como al parecer este año nos quedamos sin Semana Santa, aprovecho para publicar esta pequeña colección  de fotografías de procesiones por las calles de Zaragoza.
Cofradía de la Hermandad de la Sangre de Cristo.
El Cristo de San Pablo.
Calle Don Jaime, San Gil.
Detalle de un paso
Detalle en Don Jaime
Rosario de Cristal
Rosario de Cristal ante la Ofrenda de flores a la Virgen del Pilar.
Niñas en el Rosario de Cristal.
Rosario de Cristal en la Plaza del Pilar de Zaragoza.
Saliendo de la Iglesia de San Gil en la calle Don Jaime.
Santa Engracia.
Detalle.
Detalle de procesiones de Semana Santa en Zaragoza.

viernes, 28 de febrero de 2020

TRES SUEÑOS


EL SUEÑO DE MI MUERTE

Voy por la calle, es de noche y todo parece en blanco y negro, debe ser por la niebla, que a lo lejos, desdibuja todos los contrastes. Entro por un callejón que va a dar a una especie de tienda vieja, con una de esas puertas de cristal esmerilado protegidas por una malla de hierro. La puerta de doble hoja está abierta y hay gente esperando pero enseguida entran. Cuando llego yo no hay nadie, sin embargo en cuestión de segundos miro hacia atrás y veo una fila de gente. Es curioso, casi todos son hombres, pero o son muy jóvenes o muy mayores, me miran. Los jóvenes están asustados, como diciendo ¿qué hago yo aquí? Los viejos parecen resignados con cara de decir: ya está, el momento ha llegado, ya no hay camino de vuelta.
Mi mente reflexiona a la velocidad de la luz, sé por qué estoy aquí, quiero decir, soy consciente de ello, pero, a la vez me niego a entrar por esa puerta. Pero es inevitable, una fuerza invisible e inexorable me empuja dentro.
Está todo casi en penumbra, hay un par de mesas con dos mujeres, como con uniformes, que de una forma monótona preguntan a los que están delante de mí.
Ya está, ahora lo entiendo, acabo de morir, en este momento me doy cuenta de que aunque todavía permanezca físicamente, o a mí me lo parece, he dejado el mundo de los vivos. Ahora entiendo, los chicos jóvenes han muerto en accidentes de tráfico o drogas, los mayores de enfermedades o de viejos. Todo está turbio y yo estoy entre la vigilia y el sueño, como cuando llevas toda la noche sin dormir y te caes de cansancio.
-Siéntese, -me dice la primera de las mujeres, mientras maneja unos papeles. -Sí, acabas de fallecer. La buena noticia es que vas a volver a nacer en cuanto quieras, eso sí, debes decirme dónde, te quedas en este ambiente, o prefieres otro país, otro continente…
Casi sin tiempo para pensarlo, le contesto que prefiero nacer en la misma ciudad donde he vivido.
-Vale, ya está, eso es todo. Adiós.
Me levanto y voy a la siguiente mesa:
-La pregunta es muy sencilla: ¿Quieres cambiar de sexo?
-No no, soy un hombre -digo casi sin pensar, no sé porqué, siempre he tenido la sensación de haber sido una mujer en otra vida.
-Ahora eres un "alma". Cuando vuelvas a nacer volverás a ser un hombre. Y ahora te vas por esa puerta y ya te dirán…
Todo seguía en penumbra, en blanco y negro, turbio, desenfocado, como con niebla y sueño, yo seguía como medio dormido, como cuando soñaba, en esa conciencia medio despierta, ese "despertar" que ocurría casi siempre que quería acabar un sueño porque me agobiaba.
De pronto abrí la puerta y me cegó un luminoso cielo azul, el sol en la cara, una mañana aterciopelada de verano en un paisaje idílico, con árboles, fuentes y flores, todo en unos colores brillantes y saturados, que contrastaban con la penumbra anterior, la brisa en la piel, y un montón de gente muy agradable y contenta hablando en grupos entre ellos. Entonces me hice consciente de que no estaba solo, desapareciendo la sensación de soledad que había tenido toda mi vida: me estaban acompañando todas las almas de la humanidad.
No podría precisar cuánto tiempo pasé en ese ámbito que me rodeaba, no era sólo la vista, todos mis sentidos lo vivían de una forma tan pronunciada, una visión panorámica y como de rayos x, incluso descubrí "otros sentidos" que se habían sumado, sensaciones nuevas, o al menos diferentes, como ese momento que me había ocurrido desde niño todos los años de mi vida cuando llega el otoño, -como un escalofrío que dura apenas un segundo-, pero que es distinto al resto del año.
Y así, empezaron a pasar los minutos, las horas, los días y los meses y yo cada día iba olvidándome poco a poco de mí mismo y de mi vida anterior, porque ésta, era sin duda otra vida… de otra persona. Yo mismo era consciente de que estaba dejando de ser yo, un hombre que había muerto a los cincuenta y cuatro años, para convertirme en otro ser mucho más jovencito…, hasta el punto de que… estaba sentado en el césped de un parque cuando mi madre me cogía en brazos y me sentaba en mi cochecito, y yo la miraba agradecido de tener tanta seguridad a su lado sabiendo que me cuidaría pasara lo que pasara. Y había una serenidad en mi vida de bebé de pocos meses, y una absoluta falta de preocupaciones y ansiedades adultas…
Así que no sé cómo ocurrió, pero pasó el tiempo y yo estaba en el colegio en mitad de una clase de historia con once años y de pronto, como si me hubieran dado un susto o un golpe, me acordé de mí mismo y de mi mujer y de mis dos hijos,  veintidos años mi hija y dieciseis mi hijo. ¿Cómo era posible? Pero si yo era un crío. ¡Qué pensamiento tan extraño pero tan familiar!
Y quedó en mí una reminiscencia de ese recuerdo de mi vida anterior, una extraña y sinérgica sensación, que no se puede explicar, como por qué el lunes es gris y el viernes azul, o por qué la nota musical "re" es amarilla, que siguió retroalimentándose más del recuerdo de los once años que del mismo, como cuando creamos inconscientes un recuerdo que obviamente no existe de una fotografía antigua, y con el tiempo, ya no es solo una imagen sino algo vivido realmente.
Pasó el tiempo y un día con treinta años, volví a tener presente de golpe mi vida pasada al ver a una mujer por la calle que me resultó tan definitivamente conocida, a pesar de que no la había visto en mi vida, que decidí que debíamos de ser familia.
Fue tal la impresión que me dio ver a esta mujer que me desperté del sueño de golpe.
Este sueño lo tuve a las ocho de la mañana del lunes dieciseis de Diciembre del año dos mil trece. Me llamo Eduardo, tengo sesenta años, una hija de veontiocho años y un hijo de veintidos.

YA

Estoy en la puerta de lo que parece ser un aula escolar, y de hecho lo es. Es amplia y está pintada en un tono salmón pálido. A un lado hay cinco ventanas amplias, pero están con las persianas echadas de manera que prácticamente la estancia está casi en penumbra, pues tampoco hay ninguna luz eléctrica encendida. Entre los pupitres hay sentadas unas treinta personas de entre treinta y sesenta años. Les pido que guarden los móviles y que se pongan todo lo cómodas que puedan. A pesar de estar en un colegio no se oye absolutamente nada. Ahora les digo que cierren los ojos y que piensen en un lugar, una compañía, una música, o un olor agradable.
Me pongo delante de ellos en el centro, me concentro, cierro mi mano derecha  colocando el puño en mi frente y cerrando los ojos, digo en voz alta:
-¡Ya!... -mientras noto una pequeña vibración interna en la cara en el momento de decirlo y les envío mentalmente como una onda sonora que inunda las paredes, el techo y el suelo del aula.
Acabo de darles una conferencia de más de dos horas, hablándoles de fotografía (soy fotógrafo) en menos de un segundo de la que jamás olvidarán ni una sola palabra. Y no me ha costado el menor esfuerzo, ya que lo he hecho muchas veces, pues doy clases.
La gente empieza a desperezarse como si despertaran de una buena siesta y al poco alguien comienza a aplaudir por la charla, mirando el reloj y los móviles. Acaban por aplaudirme todos.
Un señor me pregunta atónito cómo es posible que tras dos horas y pico, y de haber escrito treinta páginas de notas en su cuaderno, el reloj sigue marcando la misma hora que cuando se sentó.
Me felicitan por todos los datos que les he proporcionado -en menos de un segundo-  y van saliendo del aula encantados hablando y compartiendo notas entre ellos.
Es extraño, pero tengo la capacidad de manipular la mente de la gente y concentrar o detener el tiempo.
Me despierto.

EL SANADOR

Estoy sentado en un recinto al aire libre, en una especie de escenario cubierto. Delante de mí, miles de personas se agolpan en una fila interminable, formando una “ese” que se va de lado a lado del recinto hasta el final.
A mis pies hay una especie de cojín grande para que la gente se arrodille ante mí.
Al parecer tengo la capacidad de sanar y de que las enfermedades físicas o mentales desparezcan de la gente simplemente tocándoles, unas veces la frente, otras las mejillas.
Por detrás del escenario aparece un sacerdote o monje budista, o algo así y me dice que ya puedo empezar. Así lo hago.
Y empieza a desfilar la gente ante mí. La primera es una mujer de mediana edad con aspecto sombrío y enfermizo. Se arrodilla y doy un toque en la frente  que queda a la altura de mis manos. Automáticamente le cambia la cara. Ahora está resplandeciente y con una sonrisa impresionante. Dice:
-Gracias Señor.
El siguiente, lo mismo. A un lado hay dos asistentes que invitan a moverse del sitio frente a mí, para ir más rápido. Se arrodillan, los toco, apenas un golpecito con la punta de los dedos, se levantan y se van contentos y conscientes de su mejoría, Me cuesta más tiempo curar a algunos y entonces utilizo ambas manos que coloco en sus mejillas. Es muy gratificante, primero porque sano a todo el mundo sin importar lo que tengan y segundo, cuanto más desarrollo este poder, por decirlo de alguna forma, mejor me encuentro yo.
He calculado unas quinientas personas al día las que han quedado libres de enfermedades simplemente rozándoles levemente su frente o sus mejillas. Así paso varios meses.
Me despierto y por supuesto recuerdo el sueño. Nunca había tenido una sensación de paz y felicidad como en aquél momento.



jueves, 27 de febrero de 2020

LUIS MUÑOZ LACASTA

Esta pasada noche ha fallecido mi buen amigo y compañero periodista en Heraldo de Aragón y El Periódico de Aragón Luis Muñoz Lacasta. Una de las mejores personas que he conocido en mi vida. En la fotografía de izquierda a derecha Angel de Castro, Luis Muñoz, Juan Pedro Burgüeño y yo, Eduardo Bayona Estradera, en una de nuestras excursiones nocturnas por los bares del Casco Viejo de Zaragoza a finales de los ochenta.

Nota: No es que yo sea bajito ni alto, mido 1,70. Es que Luis medía casi dos metros.

domingo, 16 de febrero de 2020

EL PANTANO DE MEZALOCHA EN 2020

                                                              Atardecer en el pantano
                                                                  El agua que no cesa
                                                                Flor de almendro
                                                      La sobradera en Febrero 2020
                                                             Camino del río Huerva
                                                             Panorámica del pantano
Azul y rojo, agua y arcilla

sábado, 15 de febrero de 2020

CONCIERTOS EN ZARAGOZA AÑOS NOVENTA

He aquí una pequeña colección de retratos de músicos que dieron conciertos en Zaragoza entre 1987 y 2007 y que publiqué tanto en el Heraldo de Aragón como en el Periódico de Aragón. Todas las fotografías fueron disparadas en película de 35mm en blanco y negro Kodak Tri-x y Kodak T-max de 400 ASA forzadas a 1600 ASA, están hechas de lejos con teleobjetivo largo de 200 y 300 mm de longitud focal f2.8 de apertura y positivadas en papel Ilford RC de 18x24 cm. Después las digitalicé, haciendo una fotografía de la fotografía con una cámara digital. El resultado a tan ardua labor son estos retratos.
Ana Belén
 Dizzy Guillespie
Joan Manuel Serrat
Victor Manuel
Miles Davis
Tete Montoliu
Michael Jackson
John Mayall
Joe Cocker
Jehtro Tull
Michel Petruccianni
Michel Camilo
Gabriel Sopeña
Joaquin Carbonell en Mi mayor
Jose Antonio Labordeta en Do mayor
Loquillo
Los Niños del Brasil
Iron Maiden
Lou Reed
Enrique Bunbury
Mark Knoppfler
Heroes del Silencio
Mauricio Aznar
Paco Ibáñez en Fa mayor
Joaquín Sabina en Independencia