En portada, algunas de las cámaras y objetivos que empleo. Todas las imágenes, fotografías y dibujos de este blog han sido disparadas y diseñados por mí.




miércoles, 3 de marzo de 2010

UNA MANTA HECHA DE ESTRELLAS

Tendría yo entre ocho y diez años, algunas noches de verano dormía con mis hermanos Fernando y Jesús en la terraza grande de mi casa, mi hermana Marivi debía ser demasiado pequeña para tamaña aventura. Sacábamos los colchones, las almohadas y las sábanas y nos tumbábamos a mirar las estrellas, las que se movían y las que permanecían inmutables, aunque luego descubrí que se movían, mejor dicho que el que se movía era el planeta Tierra y yo con él. Dormir bajo el cielo en aquellas largas, calurosas y mágicas noches era como ir de excursión y antes de que nos venciera el sueño y después de asombrarnos con el paso de alguna estrella fugaz (con deseo secreto agarrado a su cola y un silencio de algunos segundos mientras lo pensábamos) miraba siempre a la Osa Mayor, que era la que más destacaba en el cielo y me constaba que siempre estaba ahí, pero para mí era un carro y por definición tenía que desplazarse, así que cerraba un ojo y con la punta de mi dedo índice le daba empujoncitos para que empezara a impulsarse, de manera que se iba desplazando por el cielo...hasta que lo detenía alguna flecha o una lanza en forma de fugaz estrella. De pronto y rodeado del silencio y la oscuridad de la noche y ante tanta inmesidad celestial me entraba una mezcla de fragilidad, soledad y un miedo atroz, entonces miraba a ambos lados y me tranquilizaba viendo a mis hermanos ahí junto a mí y me quedaba dormido bajo una manta de estrellas y soñaba que iba en una alfombra mágica sobrevolando el mundo entero.

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